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mitos de las iso

Mito 1: la ISO es para grandes empresas

Falso. Las normas ISO se aplican a todo tipo de organización, independientemente de su tamaño. En particular, en el caso de pequeñas y medianas empresas, la certificación ISO representa un “sello ” comúnmente aceptado que permite ampliar la base actual de clientes y/o acceder a nuevos mercados (ej. exportación).

 

Mito 2: Para empresas de servicio, la ISO no sirve

Falso. Las normas sirve tanto para empresas manufactureras como de servicios. En el caso de estas últimas, dado que el producto ofrecido por la compañía es intangible, la evaluación de su calidad es forzosamente subjetiva, por lo que resulta imperativo establecer un criterio de medición y evaluación de la satisfacción de los clientes, aspecto que resulta medular y central en la mencionada normativa.

 

Mito 3: La ISO no mejora la calidad de los productos que mi empresa produce

Falso. Si bien las características, atributos físicos y nivel de desempeño de los productos tangibles suelen medirse con herramientas específicas, desde una perspectiva más amplia, la calidad de los productos se ve acrecentada como consecuencia de la mejora y control de los procesos de la empresa, en particular los de producción. Adicionalmente, dado que cualquier producto tangible tiene incorporado un altísimo componente de calidad percibida, la mejora de los procesos no productivos (ej. atención al cliente, servicio posventa) resulta fundamental, a la hora de encarar cualquier plan de mejora de la calidad de un producto.

 

Mito 4: El proceso de certificación es largo, costoso y complejo

Falso. Un proyecto de certificación para una pyme en general no excede los 6 meses de duración e involucra, mayormente, recursos de la propia organización. Si la empresa está mínimamente ordenada en su gestión, la complejidad del proceso de certificación no debería ser mayor que la de cualquier otro proyecto que pueda ser encarada por la empresa (implementación de un ERP, software para la gestión de recursos empresariales, desarrollo de un equipo de ventas).

 

Mito 5: La ISO genera un montón de papelerío inservible

Falso. Exige sí, cierta base y respaldo documental para asegurar que la gestión de la empresa no se transmita por "tradición oral" únicamente o que sea dominio de alguna persona en particular, sino que esté al alcance de todos, de la manera más clara posible, para que las tareas puedan ser desempeñadas correctamente por cualquier persona de la organización. En este sentido, y pese a la creencia generalizada, se recomienda fervorosamente la redacción de procedimientos breves y concisos.

 

Mito 6: La ISO genera más burocracia interna

Falso. Las normas establecen ciertos requisitos para implementar un sistema de gestión de la calidad en las organizaciones, de ninguna manera prescribe cómo se tienen que hacer las cosas y, mucho menos, que éstas terminen complejizándose. Por el contrario, a través de la revisión crítica (y simplificación) de los procesos que presupone la ISO, la burocracia suele disminuir y no aumentar. La burocracia suele ser, en general, fruto de formas de hacer las cosas que nadie cuestiona, que terminan enquistándose, en la organización y aceptándose como normales.

 

Mito 7: La gente se va a resistir a la ISO

Parcialmente Cierto. Un proyecto de certificación implica cambios, y como cualquier proceso de cambio, genera inicialmente resistencias. Esto es lógico y normal y forma parte de la naturaleza humana. Resulta no menos cierto también que con el correr del tiempo, la gente termina valorando el trabajar de manera más ordenada y previsible.

 

Mito 8: Las empresas que certifican ISO trabajan bien

Parcialmente Cierto. El enfoque propuesto por la normativa ISO apunta fundamentalmente a la mejora continua de la gestión de una organización, lo que no significa necesariamente que se haga todo bien. En este sentido, presupone la adopción de herramientas y metodologías que permitan la detección de fallas y errores, así como la generación de acciones preventivas y correctivas para solucionarlos.